El deseo se hizo evidente cuando alcanzamos el tercer piso. Ya nada se podia evitar, nuestros cuerpos estaban excitados y cargados de lujuria, una lujuria que nos empujó a acariciarnos, besarnos y hacer el amor en medio de las escaleras…
El deseo se hizo evidente cuando alcanzamos el tercer piso. Ya nada se podia evitar, nuestros cuerpos estaban excitados y cargados de lujuria, una lujuria que nos empujó a acariciarnos, besarnos y hacer el amor en medio de las escaleras…
Disculpa, debes iniciar sesión para escribir un comentario.